Buenas
noches kamikazes de la economía
Veo que
habéis sido fieles (los que todavía quedéis por aquí) a mi ausencia, la verdad
mi largo viaje transcurrió sobre áridos desiertos, parajes oscuros y malditas
criaturas que me atormentaron día y noche (si, a vosotros también, ¡malditas
asignaturas!).
El asunto es que ya volví de mi vida
sedentaria para ofrecer paranoias particulares a gusto de todos, el tema a
tratar hoy es algo que me tiene un poco preocupado, tampoco mucho, pero lo
justo para tratarlo en el blog.
En la
carrera de economía, que como sabéis estoy cursando, se comentan multitud de
situaciones, de casos, y de realidades que explican cuanto podemos llegar a ser de “poco altruistas”, más bien, de egoístas,
uno de estos casos son los recursos de propiedad común, supongo que si
alguien de mi carrera lee esto se le dibujará una sonrisa en la cara por las
reiteradas veces que hemos tratado este asunto, y la de numeritos que hay que
dibujar para explicarlo matemáticamente, pero esto no es a lo que yo me dedico
en este blog, porque perdería la gracia con tanto lío.
Los recursos
de propiedad común son un concepto que explica que, dado un bien disponible
para todos, sin restricciones, y sin límite de uso, la sociedad tiende a
utilizarlo de tal forma (al ser gratuito, y sólo importar lo que te apetezca
usarlo), que se agota, es decir que acabamos con el recurso, es lo que se
llama “la tragedia de los comunes” de G.Hardin.
Vemos que,
por interés privado, y no público, podemos agotar algo que nos beneficia a
todos por usarlo “en exceso”, en vez de interesarnos por usarlo de forma
limitada, y poder así disfrutar del bien permanentemente, pero sin
agotarlo. Durante un tiempo pensé que, para que esta situación de equilibrio
ideal se produjera, sería necesario que un pequeño sentimiento de altruismo
(con nosotros mismos, y con la naturaleza), brotara dentro de nuestros pechos,
y que nos comprometiéramos con la causa (al más puro estilo green peace).
Pero el
ser humano es egoísta por antonomasia, es rudo, testarudo, y sobre todo, ¡muy
glotón!, nos gusta de todo, más todavía si es gratis, y nos gusta en cantidades
industriales, que nos dan agua gratis, y necesitamos 5 litros, pues cojamos 10
y listo, esto, amigos de la ciencia, no es una buena política, y esto, lo puedo
hilar con cientos de casos que nos salpican día a día, (la contaminación
atmosférica, la tala de bosques, la caza de animales en peligro de extinción, el
consumo de agua excesivo, etc…).
Lo que
para mí es interesante es lo que voy a comentar ahora, los recursos de propiedad
común los relaciono con la racionalidad humana, esa maravillosa ventaja con la
que cuenta nuestra especie, que nos dio la naturaleza en la evolución de la
raza, (lamento si suena muy hitleriano, no es mi intención ofender), supongo
que en un afán de autodestruirse, pues creo que no hay nada más dañino para el
equilibrio y para el planeta que la razón humana, permitid que me ría en este
momento del zoon logikon, como
definía Aristóteles al ser humano (lógico, la verdad es que muchas veces el ser
humano es de todo, menos lógico).
La razón
no es un motivo de evolución en sí misma, es un motivo de responsabilidad,
la ventaja que decidió darnos la evolución en su día, dotándonos de intelecto,
lleva consigo una responsabilidad profunda respecto a la fauna y la flora del
mundo, que dependen de nuestras decisiones para seguir adelante, somos juez,
jurado, y lo que es peor, verdugo.
Es por eso que el mal endémico que la tierra padece es la
testarudez respecto a muchos temas, entre otros, los recursos de propiedad
común… espero que esto que digo ahora ayude un poquito, a aquellas personas que
deciden perder unos minutos de su día leyendo estas pantomimas, a que piensen
que no somos propietarios de nada, que somos guardianes, responsables de
nuestros actos, y si algo nos ha enseñado la naturaleza (tornados, tsunamis,
huracanes, inundaciones, etc…) es que es capaz de someternos con asombrosa
facilidad si en algún momento no la gusta algo que hacemos, quizás no somos los
únicos con intelecto, y jugamos una partida de ajedrez contra la naturaleza
(que podría considerarse Kasparov), en vez de aliarnos con ella, y permanecer
todos en el mismo bando…
Y como no, pesado de mi, continuaré con mis aportaciones
musicales, esta es un tanto particular, investigad un poco sobre esta gente, son espectaculares, un abrazo a todos compañeros de fatigas.